Ahava

Por Leyla Andrade Alle

Como personas creativas, a veces es muy tedioso llevar este cargo. Tenemos un don pero a veces es una gran responsabilidad, y sobre todo, cuando llevas en tus hombros el peso de un diseño súper importante el cuál se necesiten ver resultados. ¿Difícil cierto? Te pongo la situación en la que tu diseño no fue del agrado de los clientes y la campaña se fue a la basura. ¿Fuerte, cierto? Te contaré una historia que me contaron alguna vez.

Un famoso escritor estuvo día tras día trabajando en una obra; le dedicaba días enteros, tanto que se olvidaba de él mismo. Acabado la obra, se la mostró a su publicista muy orgulloso de su trabajo. Imagínate, tanto esfuerzo y dedicación puesta en tu trabajo que lo primero que piensas es: “¡Les va a encantar!” Plot twist, al escritor no le pareció lo suficientemente buena para publicarla. El escritor salió tan decaído y desilusionado que sentía un peso dentro de él: la vergüenza del fracaso. Y si, es una vergüenza porque al final lo que tú crees que eres bueno pues en realidad es una confianza ciega que sientes hacia ti mismo de dudas de tus capacidades creativas.

Continuando con el cuento; el escritor se profundizaba en sus pensamientos hasta que llegaron sus dos hijas a pedirle que las ayudará a modificar sus bicicletas ya que se encontraban en un muy mal estado. El escritor sin nada de ánimos, decidió hacer algo por las bicis de sus hijas. Comenzó por enderezar los pedales, por acomodar el sillín. Limpiar el manubrio, lijarla… así hasta que comenzó a pintarla. Decidió pintar una de color rojo brillante y la otra de azul cielo, que representará a cada una de sus hijas. De ahí se le ocurrió pintar una estrella, normal de 5 picos. Después dibujó otra sólo que esta vez le agrego un pico más. De ahí decidió hacer otra más de 8 picos y así, hasta que llenó las bicis de diferentes tipos de estrellas. Algo en él sintió que era una paz tan grande la que había descubierto que se llenó de alegría cuando las terminó. Sus hijas estaban muy felices cuando vieron sus bicis como nuevas.

Al día siguiente, las niñas regresaron a su casa con una amiguita, pidiéndole de favor a su papá que le dibujara estrellas en su bici como las que les había hecho. Al día siguiente llegaron dos niñas más, igual pidiéndole que les hiciera estrellas. Así pasaron la voz hasta que el escritor se volvió famoso por algo que nunca pensó que fuera a tener éxito; él sólo pensó “algún día escribiré esta historia”. Como fue, la escribió e inspiró a muchas personas a motivarse y no dejar de buscar su pasión.

El fracaso es duro, sí, no cabe duda. El chiste de todo esto es no parar tu cabeza y seguir. ¿Para qué quedarte en un hoyo? Cuando algo no salga, lo primero que debes de hacer es perdonarte: haz las paces con tu ser creativo. Luego de eso, realiza alguna actividad artística que te permita irte por otro camino, encontrarás mucha inspiración.

Sigue, avanza, el ser creativo no debe de ser un peso, debe de ser una forma de vida.